Inútil sentimiento
que devora hambriento
cualquier remordimiento
y se regodea en el resentimiento.
El pasado sediento
vuelve a nuestro presente
como un continuo tormento
que nubla nuestra mente.
Termitas del pensamiento
que avanzan en silencio
como un tóxico veneno
que nos mata lento, muy lento.
Ya no hay más intentos,
de ahí tanto lamento,
por lo hecho o no hecho.
Somos esclavos del tiempo.
Maldito sentimiento
que nos corroe por dentro
cual óxido hambriento
que nos pudre por completo.
¿De qué vale ahora pensar?
Para nada sirve lamentar
no haberte abrazado más,
no haberte sabido valorar.
Si pudiera volver atrás,
lo habría hecho igual.
Porque soy el resultado
de aquel entorno dado.
No habría podido cambiar
lo que aprendí por fallar.
Las lecciones aprendidas
con sangrantes heridas.
Solo el cobarde se fustiga con la culpa
y se autoengaña con excusas.
Es de valientes afrontar, aceptar y perdonar
mientras se recorre el arduo camino vital.
Pues, entre sudor y caídas, se nos obliga
a evolucionar, crecer y sanar.
Al llegar a la cima:
la conciencia limpia,
el alma tranquila.

No hay comentarios:
Publicar un comentario