Sentiversos: El soldadito

13 febrero 2020

El soldadito

Hace años me contaron un cuento
de cuyo título ya no me acuerdo.
Yo aún era un niño con sueños,
pero eso fue antes de conocer el infierno.

Había una vez un soldadito de plomo,
que luchaba con valentía en las filas
y se jugaba la vida cada día
con orgullo, coraje y aplomo.

El soldadito invencible
era ágil, rápido y fuerte.
Se convirtió en un enemigo temible
y no le tenía miedo a la muerte.

Me transformé en su máximo admirador
y le vendí mi alma al diablo 
a cambio de un fusil de asalto
porque luchar fue mi aspiración.

Me reclutaron en un tiempo récord
y sin ser consciente, me lavaron la mente
metiéndome demonios en el cerebro
que me gritaban que matara gente.

Mamá siempre me decía
que debía obedecer a los mayores.
¿Yo qué sabía?
Si los adultos solo eran manipuladores.

Tenía nueve años
cuando mi amigo Malik
recibió tres disparos
y se desangró hasta morir.

Tenía once años
cuando reconocí a mi padre
en el bando contrario
empuñando la pistola que iba a matarme.

Yo ya no sé quién soy,
despierto cada mañana sin rumbo
y no sé ni a dónde voy
porque sigo a los demás dando tumbos.

Había una vez un soldadito de plomo,
que luchaba con valentía en las filas
y se jugaba la vida cada día
con orgullo, coraje y aplomo.

El soldadito invencible
era ágil, rápido y fuerte.
Se convirtió en un enemigo temible
y no le tenía miedo a la muerte.

Donde yo vivo la infancia no tiene valor,
no se respeta ni la inocencia.
Aquí los niños son escudos, un horror,
y morimos de balazos o miseria.

No tenemos futuro ni ilusión,
no conocemos el mundo.
Un día nos cambiaron el corazón
por una granada de fragmentación.

Creo que el Dios del que hablan
no encontraría la razón
que justifique esta matanza.
Yo no tengo perdón.

La libertad quedó sepultada
en el polvoriento suelo del desierto
cubierta de casquillos y balas
por este cruel enfrentamiento.

A mi me secuestraron hace tiempo
y me convertí en un animal
que no siente compasión ni lamento
y su sed de muerte busca saciar.

Que se desangren nuestros enemigos.
Si los debo torturar o mutilar,
llevo un machete conmigo
para rajarles la yugular.

Soy toda una bestia,
como el soldadito.
No me pesa la conciencia
cuando te aniquilo.

Yo no me asusto ni me espanto,
cuando veo a un terrorista
que me está apuntando
dispuesto a quitarme la vida.

Yo me levanto, le miro a los ojos.
Yo me encaro y ni me sonrojo.
Yo no huyo ni me escondo.
Yo me enfrento y lo destrozo.

Había una vez un soldadito de plomo,
que luchaba con valentía en las filas
y se jugaba la vida cada día
con orgullo, coraje y aplomo.

El soldadito invencible
era ágil, rápido y fuerte.
Se convirtió en un enemigo temible
y no le tenía miedo a la muerte.

Enterré a mis hermanos
con mis propias manos.
Vi esqueletos amontonados
y bebés abandonados.

A las madres las violaron,
a las niñas las secuestraron,
a los niños nos reclutaron
y hoy todos somos soldados.

Ya no me tienen a amenazar,
ni siquiera me intentan obligar
porque si yo tengo que matar
aprieto el gatillo sin dudar.

Aprieto el gatillo a pesar
de que la bala impactará
justo en la mitad
de la cabeza de mamá.

Esas eran mis palabras
cuando en mi cabeza no había nada.
Cuando a sangre fría asesinaba
sin cuestionar por qué luchaba.

Así era como yo actuaba
y no me avergonzaba.
Soy un asesino de manual,
soy una amenaza mortal.

¿Yo qué sabía?
Si solo era un niño
que a los mayores obedecía.

¿Yo qué sabía?
Si aquel soldadito
era mi aspiración en la vida.

Hoy sigo luchando
por razones bien distintas:
Educación, futuro, familia
y lograr un buen trabajo.

Ser un hombre de provecho,
sentirme orgulloso de verdad
y encontrar por fin consuelo
cuando logre que reine la paz.

Quiero encontrar mi identidad,
recuperar mi futuro y mis sueños.
Conocer la felicidad
sin que me aceche el pasado mientras duermo.

Prefiero no pensar,
porque si en mi mente yo me encierro,
me torturo y me flagelo,
y no puedo continuar.

Quiero escapar de los recuerdos,
quiero irme muy lejos
donde no exista el miedo
donde solo reine el respeto.

Seré un soldadito valiente
cruzando las fronteras
sin pólvora en los dientes
tras causar mil tragedias.

Seré un niño nuevamente
y saltaré en charcos de barro
manchando de tierra mis manos
sin sujetar una AK-47.

Dejaré atrás esta atrocidad,
todos lo podemos superar.
Esto se va a acabar
y ningún niño sufrirá jamás.

Los medios nos ayudarán,
no serán manipulados nunca más
y, ahora sí, al mundo informarán
de la crisis humanitaria en Sudán.

Yemen, Siria.
Otros países más.
donde niños y niñas
son explotados sin piedad.

El planeta entero se unirá,
y con esta maldición acabará.
Porque juntos podemos enterrar
todas las armas que no nos dejarán

VIVIR EN PAZ.


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El soldadito by Laura Zerpa Sánchez is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en https://sentiversos.blogspot.com/.

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